La incompetencia al mando

14 11 2008

La falta de seriedad, de ideas y de preparación en las personas que representan al Atlético de Madrid de cara al exterior es indignante. La directiva, formada por dos individuos sin escrúpulos, siempre ha intentado rodearse de semejantes, tanto en la dirección deportiva (tener a Suso es como colocar a mi tía la del pueblo para hacer los fichajes) como en el banquillo (Aguirre es simpático, pero también un inepto), lo que ha llevado al club por la calle de la amargura y de la incompetencia, hasta convertirse, prácticamente, en el Atlético Incompetente.

Yo no sé a ustedes, pero a mí me da vergüenza ver en qué manos está el Atlético de Madrid, con una dirección ilícita cuyas decisiones están provocando un daño irreparable: pérdida de prestigio, descenso imparable en el número de nuevos aficionados colchoneros, cambio de estadio y de zona de influencia sin beneficio alguno para la entidad, jugadores contratados en base a una política ‘comisionística’ y técnicos sin clase ni categoría para dirigir a un equipo como el Atlético.

La mayoría de los argumentos expuestos los podríamos tener claros desde hace tiempo. Pero el último, el del entrenador incapaz, se ha agravado en los últimos tres años, desde la llegada de Javier Aguirre. El mejicano es el único entrenador del mundo sin criterio futbolístico. Nadie sabe a qué juega el Atlético. De otros técnicos se puede decir que son más o menos defensivos o más o menos ofensivos, que juegan al contragolpe, que apuestan por el toque… De este Atleti no se puede decir nada, o casi nada, que no se defina con la palabra ‘desastre’.

Y ese es el mayor pecado de Aguirre, por encima de los resultados o del grado de vistosidad del juego que realiza el equipo. Lo peor que le puede ocurrir a un entrenador es carecer de criterio o de coherencia a la hora de adoptar decisiones. El ‘vasco’ nunca ha sabido a qué apostar en cada partido, fundamentalmente por la ausencia de plan o estrategia, de trabajo y de conceptos futbolísticos aplicables a un conjunto con aspiraciones.

Su método de trabajo es el de los equipos pequeños, el que impone el físico sobre el talento, el esfuerzo sobre la calidad, y el fútbol ‘picapedrero’ sobre el espectáculo. Un sistema que varía notablemente en función de los rivales a los que se enfrente, y que sitúa al Atlético –al menos en filosofía- a la altura de los conjuntos inmersos en la pelea por eludir el descenso.

Evidentemente, esta idea nunca podría cuajar en el club rojiblanco. Lo que ocurrió el pasado domingo en Pamplona no fue más que una ofensa a la historia del Atlético, a su afición y a los cientos de jugadores y entrenadores que, durante años, se dejaron la piel por construir un equipo campeón. Aguirre nunca debió llegar al Atlético, y ahora, los argumentos para su destitución tienen mucho más peso que los que le han sostenido en el cargo durante los últimos meses.

La tan manida consecución de los objetivos en las dos últimas temporadas no es otra cosa que una gran mentira. La meta del Atlético nunca puede establecerse en el acceso a la Copa de la UEFA o la Champions, sino en la obtención de títulos. La realidad es que Aguirre está en el Atlético porque ‘casa’ con los incompetentes que dirigen un club actualmente en estado ruinoso.

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