Los seguidores rojiblancos nos plantamos ante el televisor con cierta inquietud en el cuerpo. Javier Aguirre, en su enésima sinrazón, había decidido prescindir de Agüero para el once inicial, jugar con un solo punta (Forlán), colocar a un zurdo en el lateral derecho (Antonio López) y establecer un mediocentro formado por tres hombres (Assunao, Raúl García y Maniche), con el claro objetivo de frenar el potencial ofensivo del Liverpool y buscar las oportunidades al contragolpe.
Una táctica que ya funcionó en la primera parte de Villarreal y que tuvo unos efectos muy similares en tierras inglesas. El Atlético se defendía con orden ante un rival voluntarioso pero que apenas encontraba grietas en la zaga rojiblanca, salvo en acciones aisladas o en pases largos a la espalda de la defensa. Pero, al igual que ante el ‘submarino amarillo’, los pupilos de Aguirre se metieron demasiado atrás, se centraron en labores defensivas y apenas inquietaron a Reina, salvo en un disparo de Simao dentro del área que se marchó alto.
No lo pasaba uno demasiado bien viendo cómo el Liverpool tenía el mando del juego y el Atlético jugaba a su merced. Todo parecía indicar que en cualquier momento, el tanto de los ‘reds’ llegaría, pero, entonces, la ‘fiera’ despertó de su letargo para poner por delante al Atleti. Antonio López recogió un buen envío en largo y cedió el balón a Maxi, que, dentro del área, no perdonó ante Reina. Justo donde el argentino suele ser letal.
Se marchó el Atlético al descanso con un excelente sabor de boca, que fue capaz de mantener en el segundo periodo. Los rojiblancos vivían con cierta tranquilidad ante un Liverpool al que, quizás, la presión del resultado fue haciendo mella con el transcurso de los minutos. El centro del campo de los ingleses no funcionaba con la soltura del primer periodo, y ni siquiera la salida del Kun hizo cambiar el panorama.
Los atléticos nos frotábamos las manos, ya que, con la victoria del Olimpique frente al PSV, ya estábamos clasificados matemáticamente para octavos. Pero entonces el árbitro, que se había ‘comido’ dos penaltis a favor del Atlético por sendas manos dentro del área del Liverpool, quiso hacerse el protagonista. Y no sé si por mandato directo de Michel Platini.
Pernía, que tiene muchos defectos, despejó en condiciones un balón en la pelea con Gerrard dentro del área de castigo, y el árbitro se inventó un penalti que el capitán del Liverpool transformó en el 1-1, sin tiempo para la reacción. Sinceramente, hay motivos como para pensar en una ‘venganza’ de la UEFA. El Atlético está casi clasificado, pero tendrá que sentenciar su pase bien en el ‘infierno’ de Marsella o bien en el choque a puerta cerrada frente al PSV.
Cierto es que los rojiblancos quizás no merecieron un premio como el del triunfo, pues fue el Liverpool el que llevó la iniciativa. Pero también es una injusticia que lo que consigues con esfuerzo durante noventa minutos, te lo quite por las buenas un descerebrado vestido de colegiado. Eso sólo tiene un nombre: Atraco.