Así es el Atlético de Aguirre, tan poco trabajado como impredecible. Se presentaba el conjunto rojiblanco en El Madrigal con el páupérrimo aval de una victoria en siete visitas, pero todo cambió al primer minuto de juego. No piensen que fueron los colchoneros los que volvieron a encajar un gol, no. Esta vez fue la escuadra rojiblanca la que sorprendió a su rival con un potente chut de Simao, sin duda el mejor jugador del partido y el responsable de que el Atleti reaccionara en la segunda mitad y consiguiera empatar el encuentro.
Los rojiblancos se colocaron con 0-2 después de que Forlán recuperara el olfato goleador tras otra gran jugada de Simao, pero esa importante renta fue una losa para el Atlético, que, todo hay que decirlo, no había hecho nada para merecer tanto premio. El Villarreal comenzó a arrinconar a los madrileños, que se defendían con firmeza, aunque lo hacían casi metidos en su área, gracias, en gran medida, a la inseguridad que generaban Leo Franco, Pernía, Heitinga y Seitaridis. Un cuarteto más digno del club de la comedia que de un equipo de fútbol profesional.
La inexplicable expulsión de Banega –el argentino dio muestras de un ínfimo coeficiente intelectual- supuso un punto de inflexión para el choque, que cambió radicalmente en la reanudación. Leo Franco se marcó un autogol al tratar de blocar un inocente disparo de Marcos Senna –Aguirre pon a De Gea ya, ¡por Dios!-, y su calamitosa intervención espoleó al Villarreal. Ante un equipo mermado en efectivos y en calidad, los de Pellegrini parecieron más un trasatlántico que un submarino. Los amarillos hacían lo que querían con el balón, y en 12 minutos, ya se habían puesto por delante en el electrónico.
Heitinga reculó por enésima vez y permitió un centro al área que acabó rematado Llorente para anotar el segundo de su escuadra; en el tercero, los rojiblancos ensayaron a la perfección el número de la cabra, todos quietos, en espera de que el árbitro sancionara un fuera de juego inexistente; y el cuarto no tardó en llegar para un Villarreal que se dio un paseo militar ante un rival empequeñecido por su cobardía cuando tuvo el partido a su merced y lastrado por una defensa y un portero de Segunda Regional.
Javier Aguirre, que no sabe lo que quiere hacer con este equipo (todo apunta al ‘hara-kiri’), continuó fallando más que una escopeta de feria con sus elecciones. Después de otra probatura más con el once inicial (hemos pasado de los dos pivotes en un partido, los cuatro en otro, a los tres más extremos y un solo punta en Villarreal, ver para creer), el mejicano se lució con los cambios. Con 4-2, quitó a un mediocentro –Assunçao- para poner otro –Raúl García-, con el objetivo de apuntalar no sé qué; y dio entrada a De las Cuevas –que merece ser titular- para los minutos de la basura. Mientras, el Kun, el jugador más determinante, en el banquillo, sin participar de la ‘fiesta’. Si no está para jugar, que el ‘Vasco’ no lo lleve, así de claro.
Pero Simao no quería irse de vacío, y anotó el 4-3 en jugada individual, un gol que encorajinó a los de la ribera del Manzanares. Raúl García, de cabeza, materializó el definitivo 4-4, cerrando un episodio absolutamente surrealista, en el que el Atlético retrató a sus dos polos opuestos. Uno, en el ataque, en el que cuenta con dos o tres jugadores de altísimo nivel; y otro en la zaga, donde se sitúan cinco o seis jugadores que no dan la talla ni para jugar con los veteranos.
De nuevo, y como el pasado miércoles ante el Liverpool, los rojiblancos se llevaron un botín inmerecido. Lo peor de todo es que este punto volverá a servir para que algunos justifiquen el ‘no fútbol’ del Atlético con argumentos resultadistas. La realidad es cruda: un punto de los últimos doce –no ha ganado a ninguno de sus rivales en la pelea por la Champions-, doce goles encajados en los tres últimos partidos de Liga y una imagen deleznable que acaban arreglando los de siempre, y de la que son culpables los mismos de siempre: ese tétrico Dúo Dinámico que forman el veterinario y el productor.
ya estamos a tiro del descenso. Somos un equipo del montón. Un abrazo.
Tú lo has dicho. Este año con ser sextos, más de uno sacará pecho. Saludos.